El pensamiento de Cajal, de Carlos Lorenzo Lizalde (recomendación literaria)

EL PENSAMIENTO DE CAJAL, DE CARLOS LORENZO LIZALDE, INSTITUCIÓN FERNANDO EL CATÓLICO. ZARAGOZA, 1991.

Carlos Lorenzo, licenciado en Filosofía y Letras en Zaragoza y en Filosofía Pura en La Sorbona de Paris, tristemente fallecido en 2017, en esta su Tesis doctoral sobre Cajal nos ofrece un panorama amplio y concienzudo del fundamento filosófico y científico de nuestro premio Nobel de medicina en 1906.

Cajal fue crítico con casi toda la herencia filosófica y estética del Romanticismo europeo especialmente con la obra de Chateaubriand o Victor Hugo, rescatando al segundo Goethe, en el sentido, de seguir la búsqueda de la verdad científica que tiene algo de “belleza útil” (p. 143), al que consideraba síntesis luminosa e integradora de las ciencias en un sentido clasicista, ordenando lo orgánico y liberándolo del predominio de lo sentimental aprovechando su ímpetu. Cajal fue continuador del espíritu ilustrado inspirándose en Voltaire, Condillac o D’Alambert y en el Kant del reino de los fines en la naturaleza frente a la inhóspita confusión de los mecanicismos momentáneos disecadores de iniciativas; por ello Lavoisier, Buffon o Newton. Fueron algo más que lejanos inspiradores de su concepción de la ciencia. Pero incluyendo a Darwin en la comprensión los procesos biológicos diacrónicos.

El empirismo le ofrece a Cajal una inmensidad de datos y de hechos, pero la Teoría tiene también capacidad heurística, esos datos precisan ordenación estética en sus dibujos y observaciones de laboratorio, ordenación conceptual en sus hipótesis, racionalidad clarificadora en las verificaciones fértiles en definiciones y leyes.

Ramón i Cajal.

Con la herencia de la histología de su época Cajal dio un paso más que el del italiano Golgi, que no pudo demostrar  la comunicación de una red nerviosa intersticial, y , nuestro sabio, se  acercó un poco más al conocimiento: “Nuestras reiteradas pesquisas en el cerebelo nos proporcionaron el placer de resolver este punto… se trataba del primer hecho bien establecido de una terminación de cilindro-ejes en los centros nerviosos” ( p.37 ), la corteza cerebral  se constituiría por “una variedad de esferas o centros  de actividades y conexiones específicas”.

Era el amanecer de la teoría neuronal frente a la reticular. Las dendritas recibirían mensajes químicos desde el axón de otra neurona a través de la sinapsis donde se encuentran los sacos vesiculares. Lorenzo cree que incluso algunas de las conjeturas de Cajal preanunciaban futuros descubrimientos como el de los neurotransmisores: “Nosotros también hemos sostenido… el supuesto de que lo que, en diversas ocasiones hemos designado substancias neurotrópicas, acaso no sea otra cosa que catalizadores” (p. 37).

La cosmovisión de Cajal estaría vinculada a “un cierto deísmo cuya gran iglesia sería la Naturaleza” (p. 147). El científico también lucharía contra el mal concebido como patología ya fuese individual o colectiva, Cajal tendría una concepción del mal “estoico positivista” según Lorenzo. La educación científica podría configurar al nuevo hombre virtuoso, la fuerza del trabajo emancipador cristalizaría en figuras aleccionadoras como “el Sabio, el Artista, el Héroe y el Jornalero” (p. 147).

Las ideas políticas y sociales de Cajal serían una síntesis entre un Liberalismo avanzado, el Humanismo, y elementos del Socialismo. Patriota defensor de la unidad del país criticó “el culto platónico de la raza y de la lengua”, “las lenguas vernáculas no tienen que ser causa de separación” (p. 149). Late un cierto optimismo clarividente en Cajal al confiar en el poder de la voluntad para reconfigurar ideas y métodos, frente al pesimismo antropológico de Luchas Mallada que, por cierto, tanto influyó en el pensamiento de Pio Baroja. España no estaría en un proceso de decadencia más bien padecería de “una falta de desarrollo cultural e intelectual” (p. 148).

Portada del libro.

La crítica de la Razón Práctica, potenciada por su Teoría Evolucionista del Aprendizaje, “encontraría su posibilidad real basada en la biología” (p. 144). Para M. Bunge la Psicología Neurológica de Cajal estaría en el marco de un Positivismo materialista siguiendo su Memoria de oposición a la cátedra de Anatomía en Valencia en 1883. Pero, por otra parte, según Cajal, La Ciencia sería una Poesía en el sentido primigenio de poesía, como creación (p.143). Se trataría de desvelar la armonía oculta del microcosmos neuronal (p. 173).

Luis Fernando Torres Vicente

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